“¿Quién ha hecho tu web y tu blog?”

Se trata de una pregunta que más de uno me ha hecho. Y lo cierto es que se repite con bastante frecuencia. La respuesta es muy sencilla: yo mismo. Yo mismo lo he diseñado, programado, puesto en marcha y lo mantengo semanalmente.

Como ya he comentado en alguna ocasión, no soy un novelista profesional, no me gano la vida con esto, aunque ya me gustaría :-) Llevo trabajando en el mundo de Internet y los sitios web desde finales de 1995, lo que muchos consideran la prehistoria de la Red en España. Desde entonces he desarrollado decenas de sitios web, miles de páginas, diseñado logos, realizado campañas de márketing online y offline, etc.

En los primeros años de este mundo tecnológico “tenías que hacerlo tú todo”, a lo hombre-orquesta. Pensar la estructura, tirar código “a pelo”, hacerte tus gráficos, botoncitos y gradientes con la aplicación de turno (generalmente Photoshop), entre otras muchas cosas. Y aunque el hacerlo todo uno mismo es más costoso, lento y complejo, no cabe duda que también es mucho más divertido y gratificante.

Así que cuando me animé a crear un web dedicado a mis novelas y más tarde su blog no tuve que recurrir a nadie para ponerlo en marcha. Yo mismo contraté el espacio web, compré el dominio… y el resto ya lo tienes enfrente, en tu pantalla :-)

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La problemática de la continuidad

Escribir un libro es una empresa complicada y escribir una novela mezcla de ficción y realidad histórica basada en la Segunda Guerra Mundial es una tarea descomunal. Pero lo es mucho más cuando quien lo hace no es un escritor profesional que puede dedicar las 24 horas del día a recavar información y plasmarla en una pantalla o una hoja de papel. Es lo que yo llamo “la problemática de la continuidad”.

Concebir decenas de personajes y situaciones, situaciones que se desarrollan en multitud de escenarios por la Europa de hace setenta años, recopilar o inventar miles y miles de datos y en definitiva articular una trama atractiva que mantenga la tensión a lo largo de las casi 500 páginas, eran y son algunos de los muchos retos a los que me enfrento a la hora de escribir las novelas de la saga WarForce.

Para lograr mantener una lógica coherencia y una tensión sostenida a lo largo de cada capítulo es recomendable o totalmente imprescindible, según se mire, escribir de forma regular y continuada. Uno no puede escribir cincuenta páginas, parar un mes y al mes siguiente pretender retomar la historia sin cometer errores por el camino. Como se dice coloquialmente hay que evitar a toda costa perder el hilo, pero sobre todo hay que hacer lo posible por no cometer errores de continuidad, que es una de las cosas que más temo a la hora de enfrentarme a este tipo de novelas.

El no poder escribir de forma regular, y con ello me refiero a ocho o diez horas todos los días, es terreno abonado para los errores de continuidad, como se conocen en el mundillo cinematográfico.

¿Cómo trato de evitar este problema? Porque un error o incluso peor, varios, serían letales para el ritmo de la novela o la credibilidad de la historia. Mi receta es muy sencilla: llevar una “ficha” de cada personaje, agencia o situación que sale de mi cabeza. De modo que siempre puedo volver a cada una de ellas cuando no recuerdo exactamente una fecha de nacimiento, unos rasgos faciales o aquel rinconcito de Baviera que visitamos en el quinto capítulo…

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