Un libro nunca se termina de escribir
Creo que fue George Lucas quien dijo que una película nunca la terminas, te obligan a hacerlo. Algo parecido podría decir sobre escribir un libro. Ahora que tengo el libro físico entre las manos y que lo estoy leyendo con otros ojos, es sorprendente la facilidad con la que encuentro fallos aquí y allá; y palabras, expresiones e incluso frases enteras que “me veo obligado a cambiar”.
Es evidente que en algún momento hay que decir “basta”, darlo por finalizado y pasar a otra cosa, a otro libro. Quizá el espíritu perfeccionista que tengo tiene mucho que ver en todo este proceso, porque realmente me molesta dejar a medio acabar algo cuando corrigiendo tres o cuatro cosas, podría quedar como yo quiero.
Lo curioso es que las mismas palabras y expresiones que no me gustan hoy, eran perfectamente válidas hace medio año, cuando cerré definitivamente el texto de La Lanza de Longinos. Y supongo que si vuelvo a leer el libro en un año, volveré a tener ganas de cambiar nuevamente otras cosas. Curiosidades que quería compartir…
Hoy he recibido mi primera novela

Hoy ha sido un día emocionante, no lo puedo negar por más que intente contener mi entusiamos. ¿Por qué? Bien, como reza el título de este post hoy he recibido por fin mi primera novela, impresa, convertida en libro real, de verdad.
Abrir apresuradamente el paquete en la puerta de casa, y además hacerlo torpemente, con la mirada perdida, como la del niño que rasga sin compasión el papel de los regalos el día de Reyes es algo para verlo. ¿Te haces una idea verdad? Ver la portada, diseñada por mí mismo, el título con letras bien grandes y relucientes, tu nombre en la cubierta, releer (por enésima vez) la sinopsis y sorprenderte con ella como si fuera la primera vez… ha sido una experiencia única. Y por ser la primera vez no creo que vuelva a repetirse.
Tengo que corregir muchas cosas antes de poner “a la venta al público” (qué raro me suena esa frase). Originalmente opté por un tamaño de libro demasiado grande para ese tipo de tapas, así que creo que lo cambiaré por el clásico de bolsillo, aunque sea a coste de aumentar su grosor (muy posiblemente nos vayamos a las 500 páginas). También incrementaré el interlineado para facilitar la lectura.
Como curiosidad, bueno, gran anécdota, puedo y debo confesar que me equivoqué en el manuscrito que envié a la imprenta. Envié una copia antigua que, además de numerosas incorrecciones y fallos, tenía anotaciones del tipo “revisar esto” o “enlazar esta parte con el capítulo…” Bien, esa copia me la quedaré yo como cariñoso recuerdo y prometo ser menos diligente y más cuidadoso a la hora de enviar la copia final. Lo comprobaré por triplicado si hace falta :-)